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El precio de la licencia es solo una de las cuatro capas de coste de un software dental: licencia, implantación, formación y operación. La más cara es la última y no sale en ninguna tarifa: solo confirmar la agenda a mano son 40 llamadas × 3 minutos = 2 horas al día, y una campaña de reactivación de 1.000 pacientes dormidos ≈ 83 horas. Antes de comparar precios, calcula quién pondrá esas horas: una licencia que nadie opera cuesta lo mismo y no devuelve nada.
Si estás buscando cuánto cuesta el software de una clínica dental, probablemente ya tienes varias páginas de precios abiertas. Todas responden a la misma pregunta: cuánto vale la licencia. Ninguna responde a la que de verdad decide: cuánto te va a costar usarlo.
La diferencia no es un matiz. Solo confirmar la agenda a mano, 40 llamadas de 3 minutos, son 2 horas al día de alguien de tu equipo. Esa capa, la de las horas, no aparece en ninguna tarifa. Y suele ser la más cara.
En este artículo desglosamos las cuatro capas de coste de cualquier software dental en 2026, con la aritmética a la vista para que la apliques a tu clínica. No vas a encontrar cifras de otros proveedores: sus precios cambian según módulos, sillones y usuarios, y los publican ellos en sus webs. Lo que no publica nadie es el resto.
La licencia es la parte fácil. Es pública, es comparable y viene en una tabla: tantos euros al mes según sillones, usuarios o módulos contratados. Por eso todas las comparativas de precios se quedan aquí.
El problema no es la cifra, sino la ilusión de que esa cifra es el coste. Comparar dos softwares por la licencia es como comparar dos tratamientos por el precio del material: falta casi todo.
La licencia es la capa más fácil de comparar y la menos determinante de las cuatro. Si todavía estás en la fase de elegir, tenemos una comparativa de software dental en España que no vende ningún PMS y te ayuda a acotar opciones antes de mirar tarifas.
Entre firmar y tener el software funcionando hay un tramo que casi nunca aparece en la propuesta: migrar los datos, configurar la agenda, conectar integraciones, decidir permisos.
Parte de ese trabajo lo hace el proveedor. Otra parte la pones tú sin darte cuenta: reuniones de arranque, decisiones de configuración, revisar que los pacientes migrados están bien. Son horas tuyas y de tu equipo, y cuentan como coste aunque nadie las facture.
La pregunta útil aquí no es «¿cuánto cuesta la implantación?» sino «¿cuántas semanas dura y cuántas horas de mi equipo necesita?». Si la respuesta es «depende», pide el caso típico de una clínica de tu tamaño.
En una llamada comercial de mayo de 2026, el dueño de una clínica familiar de la Comunidad Valenciana nos resumió esta capa mejor que cualquier tabla (omitimos el nombre de la herramienta):
«Lo probé, pero no llegué ni a usarlo. Me dieron de alta, me explicaron todo y había que dedicarle muchas horas a la formación. En ese momento no tuve tiempo.»
La formación se paga en horas, y en las horas de la persona que menos horas libres tiene: tu recepción. Además no se paga una sola vez. Cada incorporación nueva vuelve a pasar por ella, así que una recepción con rotación paga esta capa cada año.
Fíjate en el detalle de la cita: la licencia estaba pagada y la formación explicada. Lo que faltó no fue dinero. Fue tiempo.
Aquí está el coste que ninguna página de precios enseña, porque no es del proveedor: es tuyo. Un software de comunicación con pacientes hay que operarlo cada día. Alguien tiene que preparar las listas, lanzar las campañas, responder los mensajes que llegan, apuntar los resultados y mantener la base de datos limpia.
Hagamos la cuenta con tareas concretas:
No todas las clínicas tienen 1.000 dormidos: cuenta los tuyos y multiplica. La cifra cambiará; la conclusión, rara vez. Estas horas no existen sueltas en una recepción normal, que ya tiene el día lleno con los pacientes presenciales y el teléfono.
Por eso tantas herramientas compradas acaban a medio usar. No es que el equipo sea lento ni que el software sea malo: es que la operación no cabe en las horas disponibles. Quién pone esas horas es la diferencia estructural entre un software y un sistema autónomo, y es la primera pregunta que deberías hacer antes de mirar cualquier precio.
Cuando la capa 4 no cabe, el resultado tiene nombre. Nos lo escribió por WhatsApp, también en mayo de 2026, una clínica dental de Cataluña (herramienta anonimizada):
«Lo tenemos contratado pero no hacemos nada con él. Ni siquiera sabemos cómo usarlo.»
La aritmética de este caso es la más simple del artículo: doce cuotas pagadas × cero uso = el coste íntegro de la licencia, con valor cero. El software más caro no es el de la tarifa más alta. Es el que pagas y no se usa.
Si te ha pasado, no es un fallo tuyo. Es un modelo que da por hecho unas horas que la recepción de una clínica normal no tiene. Este patrón, la herramienta contratada que nadie llega a operar, lo hemos analizado a fondo porque es lo que más escuchamos en conversaciones comerciales.
Aquí toca ser honestos en las dos direcciones, porque hay clínicas donde la licencia autooperada es la buena compra.
Si tu recepción tiene capacidad libre real cada semana, si hay una persona concreta a la que le gusta gestionar herramientas, y si vuestros protocolos son estables, un software que opera tu equipo es la opción más económica. Pagas la licencia, ponéis las horas, y las horas ya las teníais.
Lo mismo si tu clínica es pequeña y tu base de datos corta: con 300 pacientes dormidos en lugar de 1.000, la campaña son 25 horas, no 83, y puede caber en un mes tranquilo.
Decir esto claro nos cuesta poco y te ahorra una compra equivocada. El error no es elegir software o sistema autónomo: es elegir sin haber contado las horas.
Antes de firmar cualquier propuesta, pide respuestas concretas a estas cinco preguntas. Las respuestas vagas también son información.
Keishal es un sistema autónomo: se integra con el PMS que ya tienes y nuestro equipo lo opera por ti. Con el desglose de este artículo, las cuatro capas quedan así: la implantación la hacemos nosotros, la formación desaparece porque tu equipo no tiene que aprender nada, y la operación, la capa cara, corre de nuestro lado. Tu equipo solo ve los resultados en la agenda.
El precio depende del tamaño de tu base de datos y de lo que necesites operar, así que publicar una cifra única no te diría nada útil. Lo que sí vemos como patrón en las clínicas que operamos: suele pagarse solo durante el primer mes, con un movimiento de ingresos varias veces por encima del coste. No lo publicamos como promesa porque depende de tu base de datos, no de nosotros.
Si quieres el cálculo con tus números — cuántos pacientes dormidos tienes, cuántas horas se irían en operarlos y qué haría Keishal con ellos — pide una demo y lo montamos sobre tu propia base de datos.

De ingeniero a trabajar en una embajada, cada etapa me ha enseñado algo diferente. Lo que se ha mantenido constante es mi interés por construir productos que resuelvan problemas. En Keishal, me centro en llevar la inteligencia artificial a las clínicas dentales de una forma práctica, fiable y casi invisible.
Un recepcionista virtual no debería sustituir a tu recepcionista, sino asumir la carga repetitiva que no cabe en su jornada. Una recepción que abre 50 horas deja 118 de las 168 horas de la semana sin respuesta: el 70% del tiempo. Un sistema autónomo cubre recordatorios con respuesta, reserva 24/7 (chat de WhatsApp más enlace de calendario), preguntas fuera de horario con escalado, recall y reactivación. No coge el teléfono: le quita volumen. El mostrador, lo clínico y las quejas siguen siendo humanos.
Cuando pasas de una clínica a dos o tres, el cuello de botella deja de ser la agenda y pasa a ser la visibilidad: la sede donde no estás es una caja negra. Para gestionarla sin estar, compara sedes con cuatro ratios calculados igual en todas — ocupación (370 de 528 horas = 70%), no-shows sobre citas totales, base dormida sobre base total y contactabilidad — y desconfía de cualquier comparación hecha con calidad de datos desigual. La facturación total compara tamaños; los ratios comparan gestión.